Carta natal explicó

¡Abajo la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales! ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista! (1-2) (Septiembre de 2013)

2016.06.05 18:17 ShaunaDorothy ¡Abajo la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales! ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista! (1-2) (Septiembre de 2013)

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Espartaco No. 39 Septiembre de 2013
Traducido de Spartacist South Africa No. 9 (invierno de 2013), publicación de la sección sudafricana de la Liga Comunista Internacional.
En diciembre de 2011, el gobierno presentó una nueva Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales. Esta ley otorgaría a los dirigentes tradicionales, encabezados por los jefes tribales, un poder legal sin frenos sobre 17 millones de habitantes negros de las áreas rurales, balcanizadas en torno al origen tribal sobre las mismas líneas promovidas durante el apartheid. Los jefes adquirirían el poder adicional de crear leyes, juzgar casos y dictar castigos —incluyendo desalojos y trabajo forzado sin paga—, frecuentemente sin posibilidad de apelación.
Las mujeres negras, las “esclavas de los esclavos”, son las que tienen más que perder con esta propuesta de ley, que se sumaría al sufrimiento causado por la abrumadora pobreza y la triple opresión. Las atrasadas prácticas tradicionales que oprimen a la mujer son muy extendidas: desde el lobola [precio de novia], la poligamia forzada y el ukuthwala (matromonio por rapto), hasta las pruebas de virginidad, todas ellas reforzadas por los líderes tradicionales. Con frecuencia, las mujeres no tienen el derecho de representarse a sí mismas en los tribunales tradicionales. En cambio, se les obliga a ser representadas por sus maridos u otros hombres de su familia.
Después de que el parlamento burgués discutió la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales a finales de 2012, el Congreso Nacional Africano (CNA) y el gobierno esparcieron la falsa idea de que la propuesta había sido retirada. Este método es frecuentemente utilizado para apaciguar la rabia en contra de las nuevas leyes que resultan particularmente impopulares (trucos similares fueron utilizados con la Propuesta de Ley para la Protección de la Información del Estado, que ya ha sido aprobada). La verdad es que la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales está actualmente siendo analizada por los gobiernos provinciales y aprobarla sigue siendo sin duda uno de los objetivos del gobierno de la Alianza Tripartita del CNA, el Partido Comunista de Sudáfrica (PCS) y el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU).
La propuesta de ley es parte del recrudecimiento de la represión estatal en respuesta al creciente descontento social. Para administrar el sistema capitalista del neoapartheid, los dirigentes de la Alianza se vieron obligados a recurrir a las mismas armas utilizadas por sus propios carniceros durante el apartheid. El gobierno encabezado por el presidente Jacob Zuma, en particular, ha optado por exacerbar los venenosos sentimientos tribales y el chovinismo contra los inmigrantes, refinando al mismo tiempo las herramientas más represivas del estado: masacres de huelguistas, brutalidad policiaca, estados de emergencia de facto, etc. El fortalecimiento de los jefes, de las divisiones tribales y de las atrasadas tradiciones es parte del paquete del dominio del neoapartheid.
La propuesta de ley también subraya una lección fundamental: las luchas de liberación nacional encabezadas por nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses son incapaces de garantizar derechos reales y duraderos para las mujeres. A lo largo de sus 101 años de historia, el programa y la política del CNA han estado guiados por el objetivo de engendrar una capa de capitalistas negros que pudiera participar en la explotación de “su propio pueblo” —una tarea que no querían dejar exclusivamente en las manos de los capitalistas blancos y extranjeros—. La interpenetración de los líderes del CNA con los jefes tribales y otros dirigentes tradicionales ha sido una parte integral de su programa, así como una indicación clara de que este partido representa al enemigo de clase de la liberación de los obreros, las mujeres y la mayoría negra oprimida en general.
Basta con ver el caso de Mandla Mandela, nieto de Nelson Mandela y miembro del CNA en el parlamento. Como jefe del consejo tradicional de Mvezo en la provincia de Eastern Cape se ha vuelto notorio por utilizar su puesto para enriquecer a su familia y suprimir críticas y desafíos, al tiempo que promueve el atraso más terrible para apuntalar su régimen despótico. En 2010, por ejemplo, defendió oficialmente la bárbara práctica “cultural” de secuestrar mujeres (particularmente las jóvenes) conocida como ukuthwala, declarando frente a un comité parlamentario sobre el desarrollo rural y la reforma agraria que: “para que una mujer sea desposada a través del ukuthwala, el proceso no tiene nada que ver con la edad. Si quieren discutir sobre la cultura, no traten siquiera de mencionar nociones blancas porque eso pondría todo de cabeza”. En 2011, tres de los “súbditos” de Mandela en Mvezo lo llevaron a juicio después de que ordenó que fueran desalojados de su tierra ancestral, en la que enterraban a sus muertos, para dar paso a que los desarrolladores capitalistas construyeran un hotel y un estadio.
La ideología nacionalista burguesa ha relegado siempre a las mujeres al papel de “productoras de bebés” y sirvientes de los hombres. Los capitalistas y sus lacayos son enemigos de la liberación de la mujer. Como marxistas revolucionarios, ateos y combatientes por la liberación de la mujer, nos oponemos fervientemente a la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales y tratamos de unir la lucha contra esta propuesta reaccionaria con la lucha necesaria más amplia en contra del sistema capitalista de explotación entero. La lucha por la liberación de la mujer es inseparable de la lucha por la revolución socialista, y ambas requieren un combate por que la clase obrera rompa con la influencia del nacionalismo burgués en el proceso de forjar un partido leninista que actúe como tribuno del pueblo. La clase obrera en su conjunto tiene un interés vital en detener esta reaccionaria propuesta de ley, que también será utilizada para sofocar aún más cualquier lucha en contra del régimen del neoapartheid.
Los jefes tribales: Herramientas de la racista opresión capitalista
La vida para las masas negras en los antiguos bantustanes es un infierno, particularmente para las mujeres; los dirigentes tradicionales desempeñan un papel central en imponer esta miseria y mantener a la población a raya. Estudios realizados por el Rural Women’s Movement [Movimiento de Mujeres Rurales] han descubierto casos en pueblos rurales de KwaZulu-Natal en los que los padres de mujeres embarazadas fuera del matrimonio son obligados a pagar multas a los jefes tribales de hasta mil rands o una vaca. Cuando no se pagan las multas, los jefes tribales les quitan a las familias el “derecho” de enterrar a sus seres queridos. Hay un desenfreno de abusos despóticos de todo tipo, incluida la continua imposición de “impuestos” arbitrarios para financiar el estilo de vida parasitario de los dirigentes tradicionales.
Una de las prácticas más brutalmente opresivas y atrasadas llevadas a cabo contra las mujeres en nombre de la tradición es la mutilación genital femenina (MGF), también conocida como la circuncisión femenina. Frecuentemente acompaña a la circuncisión masculina en sociedades donde la cultura busca marcar una aguda distinción entre sexos/géneros cuando los niños alcanzan la pubertad, y continúa siendo practicada en partes de la Sudáfrica rural, aunque el gobierno no reconoce su existencia. La MGF es un crimen horrendo contra las mujeres, que debe ser rechazado de forma categórica e incondicional. En contraste, la circuncisión masculina, cuando es realizada bajo condiciones médicas adecuadas, deja deformaciones infinitamente menos serias. Sin embargo, decenas de niños sudafricanos mueren cada año como resultado de circuncisiones mal realizadas en las escuelas de iniciación tradicionales. Esto subraya la férrea hostilidad de los líderes tradicionales a los avances tecnológicos occidentales en la medicina y la poca importancia que le dan a la vida de los negros. En mayo de este año, más de 20 niños murieron en tan sólo una semana en la provincia de Mpumalanga. La ministro provincial de “salud” Matshego Dlamini, del CNA, ¡justificó grotescamente esta situación y explicó su negativa a intervenir al decir: “Esta es una tradición; como mujer, yo no puedo ir. Muertos o no, es una tradición”!
El puesto de jefe tribal es bastión de la reacción, remanente de una sociedad precapitalista, que sobrevivió gracias a la amplia colaboración con los antiguos gobernantes coloniales y del apartheid. A lo largo del sur de África, los jefes luchan a capa y espada para negarle a las mujeres el derecho al aborto y otros derechos democráticos esenciales. Entre los jefes tribales y el gobierno del CNA hay una interpenetración importante. Esto ayuda a los jefes a incrementar su poder y riqueza, y éstos, a su vez, desempeñan un papel muy importante reprimiendo a la población rural negra y llevándola como ganado a votar por el CNA.
En un discurso de 2012 en la Cámara Nacional de Líderes Tradicionales en defensa de la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales, Zuma arremetió contra los intelectuales negros que han criticado la propuesta: “Hay africanos que se han vuelto muy listos y toman una posición (en la que) se vuelven de lo más elocuentes criticándose a sí mismos por sus tradiciones y todo lo demás”. Zuma, cuyo gobierno había masacrado 34 mineros negros en huelga tan sólo unos meses atrás para defender las ganancias de la británica Lonmin Platinum, continuó demagógicamente: “Resolvamos los problemas africanos a la manera africana, no a la manera del hombre blanco”. De hecho, la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales le debe mucho a la tradición de los gobernantes blancos —desde los imperialistas británicos en el periodo colonial hasta los nacionalistas afrikaner durante el apartheid— que aprovecharon y reforzaron los aspectos más retrógrados de la cultura tribal y tradicional para apuntalar sus regímenes y acumular ganancias gracias al sudor y la sangre de las masas negras.
Un ejemplo perfecto es la Ley de Administración Nativa de 1927, que creó tribunales supremos, civiles, de divorcio y de apelación bajo control de los jefes y líderes tribales, reforzando e imponiendo divisiones tribales sobre la población negra. Esa ley codificó el estatus de menor de edad asignado a las mujeres por las costumbres tradicionales, decretando: “Una mujer negra...que forma parte de una unión tradicional y que vive con su marido será considerada una menor y su marido será considerado su guardián”. Esta ley fue parte de una serie implementada por los gobernantes británicos en su campaña por arraigar el sistema de trabajadores migrantes: la Ley de Amos y Sirvientes, las Leyes de Tierras Nativas a partir de 1913, la Ley de Áreas Urbanas y diversas Leyes de Pases e Impuestos Comunitarios, utilizadas todas para arrebatarle a los negros su tierra y crear una fuente de mano de obra negra barata y sin derechos.
Después de llegar al poder en las elecciones de 1948, el gobierno del Partido Nacional refinaría este sistema racista y lo llevaría a nuevos extremos bajo el apartheid. Como señala “‘One Chief, one vote’: The revival of traditional authorities in post-apartheid South Africa” (“Un jefe, un voto”: el resurgimiento de las autoridades tradicionales en la Sudáfrica del postapartheid, African Affairs, 1997): “Las reservas africanas en el campo desempeñaron un papel crucial en los intentos del gobierno por establecer un control más estrecho sobre la mano de obra africana... En los pueblos africanos, la administración de los pases y de las oficinas laborales, donde había que renovar anualmente los permisos, era responsabilidad del jefe tribal”.
El sistema de trabajadores migrantes era el corazón del apartheid: los negros sudafricanos fueron reducidos al nivel de extranjeros desposeídos en su propio país y los estados negros vecinos a colonias laborales para las minas, las fábricas y las granjas de Sudáfrica. Miles de obreros, mutilados de por vida mientras trabajaban para la clase dominante blanca, eran arrojados de vuelta a los bantustanes. La peor parte de este sistema se la llevaban las mujeres relegadas a las “patrias”, sumergidas en niveles inenarrables de pobreza.
El sistema de trabajadores migrantes y la superexplotación de la fuerza de trabajo mayoritariamente negra siguen en la base del sistema capitalista de la “nueva Sudáfrica”, sólo que ahora la Alianza Tripartita dirigida por el CNA es la que desempeña el papel de supervisor negro al servicio de la clase dominante, que sigue siendo predominantemente blanca. Este hecho, así como el papel de los dirigentes tradicionales en este sistema, fue subrayado por David van Wyk, un investigador de la Bench Marks Foundation que señaló en entrevista con Amandla! (septiembre de 2012): “Un gerente de personal de Angloplats me dijo que están utilizando concejales y jefes locales como encargados de reclutamiento. Una mujer me dice que fue a cinco entrevistas y en todas le pidieron sexo, y en todas se negó y en ninguna obtuvo el trabajo. [Es como] lo que decían de la Kenya post-colonial, que ‘los contratos son firmados sobre los muslos de las mujeres’”.
Como comunistas, buscamos erradicar el sistema inherentemente racista de trabajadores migrantes. Esto implicaría, por una parte, inversiones masivas para promover el desarrollo económico y social de las áreas rurales aquí y en los países vecinos. También implicaría un importante programa para proporcionar vivienda accesible y de calidad para todos en las ciudades y otras áreas en las que la industria actualmente está concentrada, incluidas viviendas decentes para que los trabajadores y sus familias vivan cómodamente. Los capitalistas y su gobierno no van a hacer nada por el estilo, porque no sirve a sus intereses de clase. Lo que se necesita es un gobierno obrero centrado en los negros, parte de una federación socialista del sur de África, para construir una economía socialista planificada en la que la producción esté organizada para servir a los intereses de la mayoría y no a las ganancias de una minoría asquerosamente rica.
Los dirigentes del COSATU nunca han combatido en lo fundamental el sistema de trabajadores migrantes o su contraparte, el “servicio doméstico” en Sudáfrica para las mujeres africanas que han logrado salir de la desolación de las áreas rurales. No es accidental; al contrario, es la conclusión lógica de su traicionera política de colaboración de clases, que ata a la clase obrera al CNA nacionalista burgués a través de la Alianza Tripartita. En la lucha contra el sistema de trabajadores migrantes es indispensable combatir políticamente a los jefes sindicales colaboracionistas de clase.
La erradicación del sistema de trabajadores migrantes está también íntimamente relacionada con la cuestión de la tierra, un tema candente al centro de la desposesión de la mayoría no blanca. A un siglo de la Ley de Tierras Nativas de 1913, la minoría blanca todavía posee más del 70 por ciento de la tierra rural arable y de la urbana. Nosotros luchamos por la expropiación de las grandes granjas en manos blancas y por su transformación en granjas colectivas y estatales bajo dominio obrero. Gran parte de la tierra restante en las áreas rurales está ahora bajo control de los jefes tribales, como resultado de la Ley de Derechos sobre la Tierra Comunitaria de 2004, que les otorgó control sobre la tierra de sus súbditos. Un gobierno obrero centrado en los negros pondría fin a los privilegios y el poder de estos déspotas rurales.
Durante la fundación en 1912 del CNA (llamado inicialmente Congreso Nacional Nativo de Sudáfrica), un número considerable de delegados eran jefes tribales, lo que llevó a la creación de una “Cámara Alta” para acomodar a los líderes tradicionales que se habían unido a la organización. Junto con los intelectuales, los abogados y otros representantes de la pequeña burguesía negra que formó el CNA, los jefes tribales tenían como principal objetivo rogar a los gobernantes coloniales británicos que les dieran la posición privilegiada de aristocracia negra dentro del sistema de dominio capitalista blanco. Por ejemplo, durante su fundación en 1912, ¡el CNA trazó como uno de sus cinco objetivos básicos “promover el entendimiento entre los jefes, lealtad a la corona británica y a todas las autoridades legales y promover el entendimiento entre los sudafricanos blancos y negros”!
Posteriormente, el CNA adoptaría una fachada más populista para atraer el apoyo de las masas, ejemplificada por el Freedom Charter [Carta de la Libertad] de 1955, un programa populista burgués. Esto se debió en gran medida a la negativa por parte de los gobernantes blancos de conceder siquiera las concesiones más limitadas, incrementando en cambio la represión contra cualquier forma de actividad política negra independiente, incluyendo, para inicios de la década de 1960, declarar al CNA y otras organizaciones nacionalistas negras como ilegales. Al mismo tiempo, los gobernantes del apartheid buscaron cooptar a los jefes tribales y utilizarlos para vigilar a la población negra a través del odiado sistema de los bantustanes. En su enorme mayoría, los jefes colaboraron voluntariamente, un hecho que produjo considerable hostilidad contra los jefes entre las bases del movimiento del Congreso dirigido por el CNA y otras alas del movimiento contra el apartheid.
Algunas de las expresiones más agudas de esta hostilidad tuvieron lugar en la década de 1980, al tiempo que huelgas masivas de sindicatos negros y revueltas en los townships sacudían al país. Sin embargo, los llamados de los dirigentes del CNA a “hacer ingobernable el país” nunca tuvieron como objetivo lanzar una lucha para derrocar a los odiados gobernantes del apartheid; por el contrario, los dirigentes nacionalistas estaban explotando cínicamente la combatividad de las masas para intentar presionar a los gobernantes blancos a negociar un acuerdo. Al mismo tiempo, buscaron restablecer los lazos con los líderes tradicionales que habían colaborado con el gobierno del Partido Nacional, intentando proporcionarles credenciales “liberadoras” a través de la creación de una mitología sobre la resistencia de los líderes tribales al apartheid. En 1987, el CNA lanzó CONTRALESA (Congreso de Líderes Tradicionales) como una organización de jefes tribales “progresistas”, anunciada como “los jefes de vuelta entre el pueblo”. Desde que llegó al poder en 1994 tras el acuerdo con los gobernantes blancos, el gobierno de la Alianza Tripartita ha estado a cargo de administrar el mismo sistema de extracción de ganancias de antes. Simplemente heredaron las estructuras que existían bajo el apartheid.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/39/tribunales.html
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